Esto no es Berlín

La poesía y su triciclo azul

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(Fotografía de Alberto Sibaja)

Con Óscar hemos coincidido casi siempre después de las 7 de la tarde en un gallego, ya sea en Lavapiés o en Marqués de Vadillo. Siempre gallego. Entre cervezas, vinos, pulpos, mejillones, algunas propuestas que no significaban sacar papel ni bolígrafo y algún partido de fútbol terminamos de cerrar después de algunos meses los detalles de la nueva edición de Bestimenta. Sin embargo, la última vez que nos reunimos con Óscar Pirot, poeta mexicano y, sobre todo, constructor de espacios para la literatura y la insolencia, escrupuloso con la hora y la organización, llegó unos 20 minutos después de lo acordado, una copa de Ribera más tarde, a un bar a cincuenta, claro que sí… quería un vino…

 

¿Cuál ha sido tu última mentira?
El otro día, en el bar donde trabajo, entró un cliente que apenas podía sostenerse en pie. Me pidió que le sirviera una caña y tuve que decirle que ya estábamos cerrados, aunque apenas eran las 10 de la noche, je!

¿Esa fue la última? Y entonces, ya sí, nos pusimos el abrigo, decidimos ir a picar algo que no sea solo tapas y, por qué no, hacerle unas preguntas, o algo así.

 

El momento más bochornoso que has pasado.
¡La verdad es que tengo muchos!, sobre todo de la adolescencia. Me pasaba (y aún me pasa) muy a menudo que al estar pensando en algún verso o poema me distraigo de lo que estoy haciendo y suelo tropezarme, resbalarme o “meter la pata”. De los últimos que recuerdo fue cuando le tiré sin querer a una señora un café con leche hirviendo en la espalda; no sabía dónde meterme ni qué decirle, ese día lo pasé muy mal y seguro que la señora se acordó de todos mi familiares, jeje!

 

De niño, ¿qué era lo que más hacías, con ese gusto de niño?
Rilke decía que la única patria del hombre es la infancia. Quizá se refería a que de niños somos y sentimos el mundo como un todo, sin fronteras entre lo real y lo imaginado. A mí de niño me gustaba mucho pedalear mi triciclo azul dentro del departamento en el que vivíamos. Hacía recorridos que abarcaban la cocina, el comedor, el salón, las habitaciones e incluso el baño. Me imaginaba que estaba viajando por todo el mundo. En mi poemario “Memoria del agua” tengo un poema dedicado a ello.

 

¿Te gustan los chapulines?
Curiosamente los chapulines fueron muy importantes en mi infancia: Mi padre, al regresar del trabajo, siempre me traía alguna sorpresa, una de mis favoritas eran los chapulines. De vez en cuando al salir del trabajo, mi padre se tomaba el tiempo y la dedicación para ir a un lote baldío cerca del lugar donde trabajaba. Se metía entre la maleza, se arrodillaba, abría un frasco de vidrio, cortaba un poco de hierba, la metía dentro del frasco, luego con la mirada atenta esperaba ver saltar algún chapulín, lo agarraba con delicadeza y lo metía en el recipiente y repetía la acción hasta tener unos cuantos. Enseguida lo cerraba no sin antes haber hecho unos agujeritos en la tapa para que los chapulines pudieran respirar. Se lo guardaba y al llegar a casa me llamaba. Nos poníamos de rodillas alrededor de la cama, y en ese instante mi padre sacaba el frasco, lo abría y entonces los chapulines saltaban y poblaban la colcha de magia y poesía. Los veíamos saltar como acróbatas diminutos y yo no paraba de aplaudir. Cuando la función acababa, mi padre los cogía de nuevo con esa delicadeza tan suya, los metía nuevamente en el frasco y bajábamos a un parque cercano donde los devolvía a la naturaleza. Este es uno de los recuerdos más gloriosos que tengo de mi infancia. Luego ya de mayor probé los chapulines en Oaxaca y son exquisitos. Los chapulines han sido un descubrimiento no solo poético sino gastronómico.

 

¿Y qué nunca comerías?
Uy, yo me como hasta las piedras y no tendría reparo alguno en probar cualquier cosa, incluso carne de extraterrestre.

 

¿Por qué Bestimenta?
Una vez escuché a Edgardo Dobry decir que “no es el poeta quien crea al poema sino al revés”. Creo que algo parecido sucede con los libros. Cada libro guarda intrínsecas sus propias leyes de escritura y uno tiene que escucharlo hasta dar con lo que nos quiere decir. En el caso de Bestimenta, el libro se me fue revelando poco a poco como la imagen en un papel fotográfico. Comencé a escribir poemas sueltos y cuando ya tenía bastantes me di cuenta de que todos ellos tenían en común lo animal. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de formar un bestiario. Pero esa idea era algo más que una recopilación de poemas sobre la fauna, sentía que me estaba vistiendo con cada uno de los animales a los que me refería y con cada una de las palabras que dedicaba a ellos. Y entonces sucedió lo mágico, de repente llegó a mi mente el nombre Bestimenta, así tal cual, ya con la “V” cambiada por la “B”, y decidí que esta ambigüedad semántica encajaba perfectamente con el sentir del poemario. Así nació el nombre de Bestimenta.

 

¿Planes de presentación de esta nueva edición?
En Madrid, lo sabes, lo presentaremos el 12 de abril en el Leka Leka, ¿no?, jeje, y más adelante haremos otra. Luego hay muchas opciones de hacerlas en Barcelona, Zaragoza, Cuenca y Valencia. Lo ideal sería hacerla dentro de las jaulas de algún zoo o en un hábitat natural con los animales a sus anchas, pero no quiero poner en riesgo la vida del lector.

 

¿Y la tuya qué? ¿Algún tic escondido o manía? Manías, seguro muchas.
Mis tics son que suelo tener tos nerviosa y cerrar a veces los ojos con fuerza. Luego tengo varias manías, una de ellas es comerme las sopas hirviendo o calentar el café muchas veces seguidas hasta que le agarro el punto. También debo decir que, por muy extraño que parezca, antes de recitar, suelo alejarme un poco del público y rezar. Antes de leer cualquier poema en público rezo en silencio y a mi manera.

 

No me mires mal, pero toca hacerla o, bueno, quizá no toca. ¿Libros preferidos?
Creo que todos somos, en mayor o en menor medida, lectores circulares; es decir, que no nos decantamos por una sola preferencia de lectura, sino que vamos girando y descubriendo nuevos vínculos. En mi caso, esos vínculos han sido plurales y de distintas procedencias, y me han ayudado a configurarme en ciertos momentos de mi vida, por lo que resulta muy difícil ser sentencioso y decir qué libros son mis preferidos. Así que los que aquí menciono son apenas una parte de ese espectro que como lectores siempre gira, muta y se ensancha. Aquí van 10 libros que en este momento me vienen a la cabeza:

El extranjero, de Albert Camus
El libro de la almohada, de Sei Shonagon
Matar a Platón, de Chantal Maillard
Filosofía y Poesía, de María Zambrano
15 poetas del mundo náhuatl, de Miguel León Portilla
Salón de belleza, de Mario Bellatin
Hotel Atlántico, de João Gilberto Noll
Bartleby el escribiente, de Herman Melville
Momo, de Michael Ende
Versiones y diversiones, de Octavio Paz

 

¿Algún sueño aún sin realizar?
Aprender náhuatl y ser padre.

Y así seguimos unos minutos más. Hubo por supuesto más preguntas y ese día ganó el PSV y nos despedimos tarde…