Esto no es Berlín

PRÓLOGO A RETAZOS. Ejercicio sub-poético coral antes de los 40 años

paisajeno

Willy McKey, el martes 24 de septiembre en Madrid, durante la presentación de ‘Paisajeno’ propuso una lectura conjunta de este prólogo en retazos:

0. Contra la opresión, una boca: hacia una tradición poética en Venekistá.

1. Acá la espada y más acá la pared.

2. En medio nuestros ojos y contra la opresión, una boca.

3. Apenas eso.

4. Una boca-abismo capaz de devenir en afiladas resonancias, en voces singulares, en armas sonoras.

5. Creo que nunca hemos entendido a la poesía como un arma.

6. De haberlo hecho, podríamos decir que la poética de Salustio González Rincones y el delirio de la voz de Emira Rodríguez, por ejemplo, son un revólver y una punto 40.

7. Un Smith & Wesson y una pistola que Santiago Acosta esconde debajo de su colchón, en un apartamento pequeñito de Nueva York.

8. Y no lo hacemos.

9. No lo hacemos porque hablamos de las dinámicas de lo poético como un asunto estrictamente expresivo, secuestrado por los eufemismos, las metáforas y las alegorías.

10. Hablamos de las dinámicas de lo poético como solemos hablar de la opresión: con distancia, mediados por la retórica y sus recursos.

11. Por ejemplo: cuando leemos unos versos como «Bendícenos, Padre, a los enemigos de la esperanza,/ a los que nos fuimos, a los que renunciamos,/ a los descerebrados por el virus del miedo,/ a los que solo vemos en el presente la escoria del mañana», preferimos acomodarnos en detalles…

12. Detalles como el valor que le da la oralidad a la imagen el que-galicado.

13. Mariqueras.

14. En lugar de confrontar el cañón calibre 38 que el poeta sostiene sobre la sien izquierda de la esperanza.

15. Un poeta está más cerca de Jules Winnfield recitando Ezequiel 25:17 en Pulp Fiction que del guzmanblanquismo cuando Francisco Guaicaipuro Pardo ganaba los Juegos Florales glosando el genio de Galileo Galilei a cambio de cuatro fuertes.

16. Así, en tiempos de opresión, es peligrosamente apaciguante creer que la labor de la poesía consiste en ser refugio de la belleza…

17. …diorama de retazos disecados por la tradición occidental…

18. …reserva natural de sinécdoques en extinción.

19. Sin embargo, como sociedad preferimos optar por ese apaciguamiento, porque la otra opción sería exigirle a la poesía un compromiso imposible de retribuir.

20. Tú no puedes darle a la poesía la libertad que la poesía te da.

21. ¿Por qué? Porque eres un pendejo.

22. Uno de tantos pendejos que ponen el pathos por encima del ethos: preferir lo bonito antes que lo urgente.

23. Y aun así, en medio de la opresión, en medio del totalitarismo, en medio del miedo común, la poesía estalla o no es.

[TRANSFORMA TU MANO EN UNA PISTOLA Y APUNTA AL AIRE]

24. ¡Pum!

25. Sí. Nunca entendimos la poesía como un arma.

26. De haberlo hecho, podríamos decir que cuando un poeta en una cárcel es capaz de escribir: «¿quién es más fuerte,/ tú, magnate, que ansías darme muerte/ y me la has azuzado en varias formas,/ pero que no te atreves a atreverte,/ y a guardarme con vida te conformas,/ o yo, que estoy y seguiré cautivo/ mientras no te despojen del gobierno/ y estas cosas escribo/ en medio de las llamas del infierno?», en realidad está llevando adelante una acción capaz de anular a todos los guardias de una prisión totalitaria que intenta quebrarlo.

27. Michael Scofield y Lincoln Burrows, los de Prison Break, lucirían como un par de imbéciles ante la eficacia de la voz poética como estrategia de fuga durante el gomecismo de La Rotunda.

28. Si entendiéramos la poesía como un arma, al final de este poema estaría Natasha Tiniacos esperando a la leyenda de Job Pim un siglo más adelante, a la salida del recinto, en una moto que le heredara a Miyó Vestrini en tiempos de guerra: «Tendrá la memoria que no tuvimos/ y creerá en la violencia/de los que no creen en nada».

29. Así de ucrónico. Así de fake. Así de épico.

30. Aunque la-voz-poética sea una voz civil, no es la-voz-civil, porque la-voz-civil insiste en la verdad y en la memoria. Es laxa, hipotónica, blandita.

31. Ha sido articulada para comunicarnos, para expresarnos, para informarnos.

32. Porque la-voz-civil sabe acomodarse y la-voz-poética no.

33. Es más: se niega al acomodo, porque la eficacia de la-voz-poética como instrumento contra la opresión reside en que nombra y, nombrando, es libre porque lo hace en tanto que imagina.

34. (Una vez más aparece la intoxicación del eufemismo: he dicho «instrumento» y no «arma». Y eso es porque nunca entendimos la poesía como un arma)

35. Si entendiéramos la poesía como una arma, unos versos como estos serían considerados por los órganos policiales como un artefacto explosivo, una bomba de tiempo: «Estoy pensando en exiliarme,/ me casaré con una miss/ de crenchas color de mecate/ y ojos de acuático zafir;/ una descendiente romántica/ de la muy dulce Annabel Lee,/ evanescente en las caricias/ y marimacho en el trajín,/ y que me adore porque soy/ tropical cual mono tití…».

36. Sólo una brigada antiexplosivos podría evitar que la lenta pero certera intención de estallido de esta balada insomne y carcelaria de Leoncio Martínez que termina diciendo: «¡Ah, quién sabe si para entonces,/ ya cerca del año 2.000,/ esté alumbrando libertades/ el claro sol de mi país!»

37. No supimos ver, sino hasta ahora, que cuando la-voz-poética quiso sonar pesimista y punzante en el humor, devino profética y fallida a la vez. Aunque, del otro lado del universo poético expandido, estuviera Yolanda Pantin respondiendo en código al delirio finisecular de todos los exilios posibles, como una nueva y conmovible femme-Nikkita: «Ustedes/ perdieron un país/ dentro de ustedes».

38. Pum.

39. Contra la opresión, no hay separación de tiempos, sino coincidencia en el territorio. Santiago, Pim, Miyó, Natasha, Leoncio, Yolanda.

40. Ninguno adivina el futuro ni precursa aquello que vendrá: sólo mantienen su verso en el presente perpetuo al que nos obliga la opresión. Nombrando siempre, en la poética rebelión de los gerundios que se infinitivizan mediante el acto poético.

Cuando la-voz-poética decide ir contra la opresión, define un territorio donde opera esa acción constante de nombramiento, cuya única intención es hacer delirar cada una de las partículas que componen a la lengua civil para hacerlas vibrar hasta destruir cada información, cada expresión y cada acto comunicativo que quede en pie. Y entonces hacerlos estallar para poder nombrarlo todo de nuevo.

Pum.

Siempre queda una bala en la recámara de la poesía.

 

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